miércoles, 25 de marzo de 2009

PHANTASM





Hay películas que, siendo verdaderos truños cinematográficos, poseen, sin embargo, la capacidad de perdurar en nuestra memoria, ya sea por su ambientación, alguna escena o cualquier otro elemento. Yo recuerdo esta película por dos cosas: [SPOILER] un perturbador momento en el que una esfera de metal voladora con dos taladros se clava en los ojos de un pobre desgraciado, soltando un chorro de sangre por su parte posterior, a modo de desagüe. [SPOILER]

La otra cosa fue su cartelera; transmite el concepto “tápate los ojos cuánto quieras, pero seguirás viendo el horror”.





Y es que los niños de antes teníamos una costumbre al ver pelis de miedo, que ignoro si seguirá vigente: mirábamos la pantalla a través de la rejilla de nuestros dedos, como si el exceso de terror inasumible fuese a quedarse bloqueado en tan fabuloso filtro…De alguna forma, era reconocer que nuestra sensibilidad podía resultar herida en cualquier momento, pero no por ello íbamos a renunciar al morbo de saber qué estaba a punto de ocurrir…

Aquí comenzó mi atracción por las carteleras y portadas, ya fueran de películas, juegos, libros…su poder evocador, el acicate para imaginar y empezar a crear tu hipótesis de lo que iba la historia, de qué podrías encontrar, era más valioso que el contenido en sí. Creo que gran parte de mi imaginación se la debo a esta forma de arte, tantas veces utilizado como “envoltorio” de productos nefastos.

Y bueno, supongo que las nuevas generaciones se partirán de risa con lo que a nosotros nos causaba espanto :)

domingo, 22 de marzo de 2009

¿RECUERDAS? (3): Los juegos de agua Geyper

El paso del tiempo, la tecnología, han condenado al olvido a montones de entrañables juegos. Hoy recuerdo los juegos de agua Geyper: los había de mil y una formas, tamaños y colores, pero la mecánica era la misma: había que pulsar un botón repetidamente para generar corrientes de agua dentro del depósito, donde flotaban unos anillos de plástico de colorines que había que intentar enganchar en barritas y cubículos puestos a tal efecto. De acuerdo, sería una chorrada, pero ahí estabas, entreteniddo como un tontaina dándole al botoncito. Además tenía su toque Zen el asunto: precisión, equilibrio, paciencia…eran fundamentales para conseguir el objetivo del juego, o acababas desquiciado de los nervios, os lo aseguro XD.



Anda, prueba ahora a quitarle a un niño su Nintendo DS y cambiárselo por uno de estos…tendrás suerte si no te da en la cabeza…

Y es una pena, porque algunas generaciones de niños conjugamos la fascinación de los juegos electrónicos con la diversión de los clásicos.

Pobres chicos…nunca sabrán lo que se perdieron.

miércoles, 11 de marzo de 2009

INVASORES DE MARTE


Antes la televisión no solo servía para dispararte basura a la cara y ayudarte a odiar aún más al género humano. También echaban buenas películas. Juraría que ésta fue la primera que me impactó por su decidida mezcla de terror/suspense con la ciencia-ficción. En ella, los marcianos no invadían la tierra de cara a lo “Guerra de los mundos” sino que, sibilinamente, se iban apoderando de tus seres queridos, dejando como única huella una marca/cicatriz en su nuca, un extraño comportamiento y una voz espeluznante al verse descubiertos…

La película es del año 1953 (luego tuvo un remake en el 86, de Tobe Hooper) y, como muchas de su época (recordemos la posterior “La invasión de los ultracuerpos”) está imbuida de la paranoia anticomunista “Mcartiana”. Si obviamos el pueril mensaje y lectura tipo “tu abuelita puede haberse hecho comunista por la noche mientras dormía ¡Interrógala, americano de bien! Y mátala si es preciso, que eso se contagia rápido…”, si lo obviamos digo, nos queda una interesante historia.

Yo aún recuerdo la pesadillesca escena donde el protagonista descubre la marca en la nuca de quien menos espera, y se da la vuelta, señalándole, para emitir aquella horrible voz…


Pd: Vale, ver la película ahora supone risas aseguradas, pero cuando la ves siendo un mocoso de los ochenta…es otro cantar :)

viernes, 6 de marzo de 2009

¿RECUERDAS? (2) -Bienvenido a los videojuegos: La consola Videopac de Philips



Pero en aquel Coeba no sólo había maquetas de Ibertren. Allí descubrí también un artefacto que sacudió como un terremoto mi pequeño cerebrín: la consola Videopac de Philips, y los primeros videojuegos que pasaban delante de mis sorprendidos ojos. Aquello era como verte inmerso en una película, cuyo desarrollo dependía de tu habilidad; lo nunca visto, vamos. Un vecino (que por cierto, se haría después ingeniero de telecomunicaciones ¡Saludos, Ángel Luis!) me dio un catálogo con imágenes –Pacman, navecillas, incluso una versión del “Señor de los anillos”–. Me pasé meses suspirando por tener una…y no, no la conseguí XD.





Ahora, quien más, quien menos, tiene una Wii, una DS o una Playstation en su casa; han devenido en una afición popular, dejando a un lado el injusto prejuicio y la etiqueta de “juegos para críos”. Y yo me alegro, porque si el cine es el séptimo arte, considero que el videojuego debería ser el octavo. Quien los conoce, sabe de lo que hablo: guión, música, diseño gráfico, programación…el trabajo artístico que hay detrás de ellos es extraordinario, y pocas veces reconocido.

Y todo para ofrecernos mundos imposibles, donde la imaginación reina.

viernes, 27 de febrero de 2009

¿RECUERDAS? (1): Mundos en miniatura


En estos últimos posts os he ido hablando de las películas que pertenecen a mi “prehistoria” personal, aquellas cuyo recuerdo persiste en los estratos más profundos. Pero también existen objetos, juegos…que adquieren con el tiempo un valor simbólico –probablemente compartido con muchos de vosotros–, que casi representan, por asociación, momentos históricos en nuestra memoria.

Uno de esos objetos fue para mí un tren eléctrico Ibertren, integrado en una inmensa maqueta. Estaba expuesto en un supermercado Coeba que había en Arganda del rey, donde compraban mis padres. Recuerdo que fue como ver un imposible, increíble mundo en miniatura (que, por supuesto, me pedí para reyes y que, por supuesto, no me trajeron…XD). Supongo que los coleccionistas de trenes, maquetas, miniaturas…encuentran, además del placer estético, una reconfortante sensación de poder, de control, o satisfacción de ese pequeño megalomaniaco que todos llevamos dentro; tal vez incluso con una función compensatoria de carencias en otros ámbitos.

El caso es que, después de dar bien el peñazo a mis padres, conseguí que me compraran un Talgo eléctrico (que salió malo, y cambiamos por una bicicleta ¡de ruedas macizas! –creo que no he vuelto a ver una de aquellas–, pero esa es otra historia…) No volví a tener uno, y siempre que veo alguno, recuerdo con nostalgia aquella impresionante maqueta.

Años después descubriría un juego de estrategia con miniaturas de plomo llamado Warhammer, cuyas partidas transcurren en escenarios muy similares a los que atravesaba aquel Ibertren…

lunes, 23 de febrero de 2009

GODZILLA VS...

Cuando sobre tu país caen dos bombas atómicas, además de la trágica pérdida de miles de vidas humanas, queda otro daño profundo: la cultura, la mentalidad del país se ven traumatizadas para siempre. Curioso paralelismo entre país-individuo. Un persona nunca supera del todo sus peores traumas: se sobrepone, los reprime, les da una y mil vueltas enfocándolos desde mil perspectivas, los reconstruye, los transforma, se evade o los encara…pero, de una forma u otra, siguen ahí; y ya no será jamás lo que hubiera sido sin ellos. Parece que Japón sublimó sus pesadillas con productos como estos “Godzilla vs King Kong”, “Godzilla vs…”…etc (o la más reciente “Akira”, p.ej), como si el espíritu del pueblo se encarnara en este dinosaurio, dispuesto a zurrar a cualquier enemigo externo de la nación y vencerlo, a nivel simbólico. La huella es clara.

Pero bueno, esto es una reflexión de adulto. Cuando yo iba las sesiones de tarde a ver estas pelis, no sabía lo que era Japón y menos una bomba atómica. Y bien feliz que era. Tampoco me daba cuenta de que eran dos tíos embutidos en trajes de goma dándose de mamporros, aplastándose contra maquetas de edificios de cartón piedra. Yo sólo veía un combate de proporciones épicas y destrucción sin límites (¿realmente salvaba Godzilla la ciudad?), y la imaginación hacia el resto.

Sí, pobres de nosotros, adultos sabihondos, al lado de los niños, dioses de sus propias fantasías…

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viernes, 20 de febrero de 2009

GUERREROS DEL ESPACIO

Creo que ésta fue la primera película que mi padre me llevó a ver a Madrid. Recuerdo mirar hacia arriba –mientras la barbilla se me descolgaba– para ver su inmensa cartelera que, a mis pueriles ojos, debió parecer como de unos 250 m2 . En los 80 no existía el miedo a imaginar, a romper esquemas, saliese lo que saliese; esta película es buena prueba de ello. Acción y entretenimiento, con toques de humor cargado de mala leche.

Hace un par de años volví a verla, y tiene momentos descacharrantes.

Cada día que pasa, añoro más y más los años ochenta…

martes, 17 de febrero de 2009

CRISTAL OSCURO


Otra película que impacto en mi tierna infancia. Un mundo de fantasía con una estética única para contar, en clave de cuento de hadas, la historia del Bien contra el Mal. Vista hoy, tras avalanchas de efectos digitales tipo “Señor de los anillos”, a los más jóvenes del lugar puede parecerles arcaica; pero os aseguro que resulta difícil igualar con ordenadores el encanto artesanal, la atmósfera que emana de películas como ésta, con sus muñecos y marionetas creados por el gran Jim Henson.

Yo salí flipando del cine.

Gracias, papá :)

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viernes, 13 de febrero de 2009

EL CINE, MI PADRE Y YO



Nunca le agradeceré a mi padre lo suficiente el hecho de llevarme al cine en mis primeros años de vida. En esa edad, en la que uno aún anda poniéndole nombres a las cosas que, de repente, te sumerjan en esos “mundos imposibles”, creo que prepara tu mente para, ya de adulto, ser receptivo a las obras que desarrollan el “sentido de la maravilla”, a no despreciar la imaginación.

“Flash Gordon” fue una de las primeras películas que recuerdo haber visto en cine. Me vienen a la memoria imágenes de tíos en mallas corriendo, pistolas láser, el interior con lucecitas –clásico– de las naves espaciales ochentenas…y, en la vuelta a casa (en la Ducati 49cc de mi padre…¡siente el vértigo! XD), tararear alguna melodía de la B.S.O –años después descubriría que era de un tal grupo llamado “Queen”–. Nunca sabré hasta que punto me gusta la ciencia-ficción por culpa de momentos como aquel.

Seguro que la película, como tal, es infame –no la he vuelto a ver–. Pero eso, es lo de menos…

viernes, 6 de febrero de 2009

Luis Bermer: Origins



Según vas cumpliendo años, parece que aumenta la tendencia a echar la vista atrás en el tiempo, tal vez buscando esos momentos cruciales, las claves que responden al por qué somos como somos y no de otra manera, por qué actuamos, sentimos y pensamos hoy así…A veces, uno cree detectar hasta el momento exacto donde todo tomó una determinada dirección para siempre…

Tendría cuatro o cinco años cuando me hicieron esta foto. Vivía en Arganda del rey –Madrid– y apenas guardo un puñado de memorias-relámpago de aquella época. Pero sí que recuerdo vívidamente el proceso que condujo a este retrato. Veréis: estábamos en clase, un día normal de escuela, cuando la maestra nos empezó a organizar precipitadamente en una fila. Recuerdo la sensación de urgencia, de agitación y de “algo fuera de lo normal está ocurriendo”. Nos fueron pasando de uno en uno a una habitación, sin darnos en ningún momento ninguna explicación de lo que estaba ocurriendo (sí, con cuatro años ya necesitamos por qués…). Cuando llegó mi turno, una señora –que en paz descanse :p – me sentó de forma muy brusca en un taburete, frente a una pantalla blanca. Y con la misma brusquedad (tenían prisa, los fotógrafos-pirata estos; probablemente debían partir al abordaje de otras diez escuelas esa misma mañana…), la buena señora –que en paz descanse– me peinó/aró la cabeza con un viejo cepillo de esos duros, de púas, con la misma sensibilidad y cariño que el agricultor abre sus campos para sembrar patatas…

Creo que aquel día mi visión del mundo adquirió su particular prisma kafkiano. Si os fijáis, en la mirada casi puede leerse un “¿Qué diablos significa todo esto? ¿Me estáis secuestrando? ¿Era necesario abrirme la cabeza para peinarme –y mal, encima–?” El horror, el horror…

En muchos de mis cuentos, el protagonista se ve inmerso en situaciones que no alcanza a comprender, perversas, y cargadas de dolor y angustia (“Sala de espera” es buen ejemplo; de hecho, creo que es una reinterpretación del evento, ahora que lo pienso…) Sí, aquel día nació Luis Bermer, escritor de Terror.

Así que, si os gustan mis cuentos, no me deis las gracias a mí; dádselas a ese viejo cepillo de púas, y a la gentil señora que lo empuñó.

Que en paz descanse.