Llevo años escuchando el nombre de este autor japonés, en boca y letra de montones de lectores a los que les encanta. Cuando este apasionamiento por algo es ligero, suele despertar mi curiosidad; pero cuando -como en este caso- es masivo, me provoca la reacción contraria: me deja de interesar lo que sea en el acto. Será que me repele todo lo que huela a rebaño, que no me fio un pelo de los humanos reunidos en grupo con ideas parecidas, o que soy un inmaduro infantiloide que así reafirma su maltrecho ego. No lo sé, pero es lo que hay.
De hecho, y pese a mi afinidad por lo japonés, me he leído este libro sobre todo porque me lo regaló una amiga; sino, es poco probable que lo hubiese buscado por iniciativa propia (en la pila infinita, otros estaban mucho mejor situados).
"Sputnik, mi amor" gira en torno a la soledad de los seres humanos, interior y respecto a los demás (de ahí lo de Sputnik: objetos solitarios en el espacio, que muy de cuando en cuando se mueven en órbitas próximas para volverse a alejar). Con este tema de base, Murakami articula una historia de relaciones cercanas pero semi-espectrales, entre un maestro de escuela y su extraña amiga aspirante a escritora, con algún que otro personaje entrando y saliendo de la ecuación. El desarraigo emocional, la soledad y el vacío, el deseo y la necesidad de algo (¿amor?) que dé sentido y realidad a la existencia, es de lo que nos habla, de una forma u otra Murakami en esta novela corta (243 págs.).
El estilo de este escritor me ha resultado sencillo, sincopado, directo y de frases cortas. No necesita de artificios con las palabras para resultar profundo cuando quiere, por los temas tratados y la forma de crear reflexiones en el lector. Y esto me gusta, pues hace de la lectura algo fluido y atrapante.
Sin embargo, no me ha acabado de atraer o "apasionar" hasta el punto de desear volver lo más rápido posible al libro... me ha gustado lo que he leído, pero no me ha hecho perder la cabeza en ningún momento.
¿Volveré a por otro de Murakami? Probablemente sí, si me lo cruzo en mi camino de nuevo, pues intuyo que éste no será de sus mejores obras.











